6/4/14

De buena madera

Un jovencito recibió una invitación para visitar a su tío, que era un leñador profesional y trabajaba en el noroeste del país. Éste lo recibió en la estación del ferrocarril, y mientras se dirigían al campamento de los leñadores, el niño se quedó muy impresionado con el enorme tamaño de los troncos almacenados a ambos lados del camino.

Hubo en particular uno que le llamó mucho la atención, estaba sólo en la punta de la colina. El niño lleno de entusiasmo exclamó:

- Tío Juan mira que árbol tan grande; seguramente producirá mucha madera y muy buena, ¿no es cierto?

El tío Juan movió la cabeza negando y dijo:

- No hijo. Ese árbol no es de muy buena madera, quizás de mucha madera, pero no de muy buena calidad.

Seguidamente explicó: Cuando un árbol crece sólo, le crecen muchas ramas. Esas ramas producen muchos nudos cuando se corta en tableros. La mejor madera proviene de árboles que crecen en conjunto, además, los árboles crecen más altos y más erguidos cuando crecen en grupo.

30/3/14

La abeja solitaria

Una vieja abeja, hastiada de su tipo de vida, se planteó organizarla en solitario.


- Este asunto de la colonia, en realidad —se decía— no conviene. Deposito mi miel en esa vieja colmena para que otros puedan comer, vivir y prosperar. Hago yo más trabajo en un día que otras compañeras en tres. Trabajo y me desvivo, ahorro y acumulo, y por todo eso no obtengo más que casa y alimento. Voy a organizar y dirigir mi propia colmena, y para mí serán todos los dulces frutos de mi arduo trabajo.



La abeja voló sola y decidida a su prado. Comenzó un negocio propio. No pensó más en ese clan zumbón que se llama colmena o familia, que ya la tenía harta. Puso todas sus capacidades y energías al servicio de su ambicioso plan.

- Esto es vivir —se repetía—. Soy fundadora, emprendedora, libre. Se acabó: ya no soy rebaño, una más... ¡Cómo habré descubierto tan tarde esta vida!

Pasaron sus felices días de triunfadora empresaria, y vino el verano. Poco a poco le fueron pesando la soledad, los problemas, los años y hasta los días. Perdió ilusión, empuje y alegría. Otros insectos la atacaron, devoraron su almacén. Su cera se agotó y, lo que era peor, su corazón se fue llenando de amargura.

Triste, volvió a su antigua colmena. Poco a poco se integró en ella sin pensar tanto en sí misma y sin compararse con las demás. Sus últimos años fue muy feliz.



8/1/14

Un nuevo año inicia: 2014

Un nuevo año que el Señor nos regala!!!, Cuál será nuestra posición ante los retos que nos plantea la vida? Sin duda que debemos tomar una decisión firme y con la convicción de servirle al Señor. Hagamos que este año valga la pena, ganemos almas para Cristo, esforcérmonos mas, busquemos mas de su presencia y santifiquemos aún mas.

A cuál escalón llegarás este año?


Saludos,

2/10/13

Transformación

En el Japón existe una muy curiosa invención que consiste en tablillas delicadas de madera o de paja, las cuales, por medio de cierto procedimiento, cuando se ponen en una vasija con agua se extienden y forman flores y otras figuras de vivos colores. Al ponerlas en el recipiente están secas completamente, y no se puede saber qué figuras son; pero tan pronto como tocan el agua parece que se les inyecta vida y se transforman en una figura de extraordinaria belleza.


De parecida manera obra el Espíritu Santo. Cuando nuestra alma humana está fría, seca, y recibe el abrazo del Padre Supremo, adquiere un entusiasmo celestial y se presenta nueva, lozana, hermosa y dispuesta a ser con Dios una bendición para todo aquel que la rodea.

Juan 11:25. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Juan 4:14 Más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

Autor: renuevo de plenitud.

30/1/13

Atrévete a soñar

Un joven llamado George Eyser soñó un día con participar en unos juegos Olímpicos. En Saint Louis, y durante el año 1904 su sueño se cumplió. George no sólo participó, sino que consiguió una medalla de oro, dos de plata y otra de bronce en gimnasia. Siempre había soñado con ser un atleta olímpico y ganar una medalla.

Soñó con la gloria de alcanzar lo inalcanzable, de competir consigo mismo en el juego más feliz, esa gloria que vale mucho más que el poder o el dinero. ¿Sabes la razón? Su pierna izquierda era de madera, la de verdad le fue amputada al ser arrollado por un tren. Para casi todos su caso era imposible. Para él era un sueño que había que cumplir.

En los juegos olímpicos de México en el año 1968, John Akhawari (Tanzania) Fue el último en la maratón, llegó casi dos horas después del ganador, con una lesión en la rodilla y muchos dolores. Un sólo periodista quedaba en el estadio para inmortalizar el momento, el mismo que le preguntó "¿Por qué no has abandonado? ¿No ves que no hay nadie en el estadio? ¡nadie va a saber que llegaste a la meta! No sabes que eres el último?" John le miró con sus ojos llenos de cansancio y casi sin fuerzas para pronunciar una sola palabra, susurró: "Mi país no me envió a 12000 km de distancia para empezar una carrera, sino para terminarla".

"Si pudiera haría esto o lo otro"... ¿Lo has pensado alguna vez? Si lo has hecho, déjame hacerte una pregunta ¿Porqué dejaste de creer en ti mismo? ¿sabes una cosa? Si creemos que un problema es imposible, el problema somos nosotros. La mayoría de la gente muere antes de morir, va muriendo poco a poco a lo largo de su vida, perdiendo la esperanza, la alegría, la belleza de las cosas sencillas. La mayoría de la gente muere cuando mueren sus sueños. Aunque sigan vivos.

Muchas de las cosas que disfrutas ahora son el resultado de los sueños de otros. Y tú, ¿qué estás soñando ahora?, ¿qué nos dejarás a todos como resultado de tus sueños? Recuerda que la vida no es un ensayo, busca dentro de tu corazón, porque puede que algunos sueños están a punto de pasar a peor vida si no trabajas por ellos.

"Qué dejarás a los demás como resultado de tus sueños?"

20/1/13

Relaciones punzantes

Durante la Edad de Hielo, muchos animales murieron a causa del frío.


Los erizos, dándose cuenta de la situación, decidieron unirse en grupos. De esa manera se abrigarían y protegerían entre sí, pero las espinas de cada uno herían a los compañeros más cercanos, los que justo ofrecían más calor. Por lo tanto decidieron alejarse unos de otros y empezaron a morir congelados. Así que tuvieron que tomar una decisión, o aceptaban las espinas de sus compañeros o desaparecían de la Tierra.

Con sabiduría, decidieron volver a estar juntos. De esa forma aprendieron a convivir con las pequeñas heridas que la relación con los demás pueden ocasionar, ya que lo más importante es el calor del otro. Y así pudieron sobrevivir.



25/12/12

Las apariencias engañan.

En una prestigiosa universidad de Suramérica, el primer día de clase, se encontraba en la biblioteca un hombre vestido de overol de esos que usan los trabajadores de las fábricas, y calzaba sandalias en un día muy frío. En sus manos llevaba varios libros.


- ¿Quién es ese hombre?, era la pregunta general.

- Es un profesor de Física, y viene de Norteamérica -fue la respuesta, con la siguiente historia:

Un día este hombre llegó hasta la facultad de Física vestido del modo tan particular en que le gusta vestir. Pidió, en un español poco fluido, una entrevista con el decano. Le indicaron que estaba en una reunión con un grupo de docentes. El hombre insistió en verlo. La secretaria lo buscó, y al rato salió el decano a verlo. Luego de saludarlo, el hombre le dijo:

- Vengo a pedir trabajo como docente de Física.

El decano miró su apariencia de arriba abajo; su aspecto era la antítesis de un profesor universitario. De pronto, el decano dibujó una leve sonrisa en su rostro y lo invitó a que lo acompañara. Entraron en una sala donde había una media docena de docentes universitarios. El decano le dijo:

- Hace poco recibimos este libro como texto guía. Estamos aquí intentando solucionar unos problemas de Física. Si usted es capaz de resolverlos, lo contrato como docente.

El hombre tomó el texto, se dirigió a una pizarra y tranquilamente comenzó a resolver uno a uno los problemas que le habían indicado. Los docentes cambiaron poco a poco la sonrisa de burla que tenían en sus rostros por una cara de asombro. Cuando terminó, el decano, atónito, le dijo casi tartamudeando:

- ¿Cómo pudo hacerlo? ¡Hemos estado aquí varios días sin poder resolver estos teoremas!

El hombre, con sencillez, simplemente respondió:

- Yo soy el autor del libro.

Tomado de: Diosbendice.org.